¿Por qué se celebra la Navidad el 25 de diciembre?

Cada 25 de diciembre, millones de personas en todo el mundo celebran la Navidad como la conmemoración del nacimiento de Jesucristo. Sin embargo, esta fecha no surge de manera directa de los textos bíblicos, sino que es el resultado de un largo proceso histórico, cultural y religioso que se consolidó varios siglos después de los orígenes del cristianismo.

Los Evangelios que relatan la infancia de Jesús —principalmente los de Mateo y Lucas— ofrecen algunas referencias sobre el contexto histórico del nacimiento, pero no mencionan ni el día exacto ni la estación del año en la que ocurrió. Esta ausencia de precisión llevó a historiadores y teólogos a debatir durante siglos cuándo debía celebrarse este acontecimiento central para el cristianismo.

Recién en el siglo IV aparece la primera referencia documentada a la celebración de la Navidad el 25 de diciembre. El dato más antiguo se encuentra en Roma, en el año 336, durante el pontificado del obispo Liberio I. En ese contexto, la Iglesia occidental fijó oficialmente esa fecha para conmemorar el nacimiento de Cristo.

Muchos especialistas coinciden en que la elección del 25 de diciembre no fue casual. En la Antigüedad, esta fecha coincidía con festividades paganas muy populares vinculadas al solsticio de invierno. Entre ellas se destacaban las Saturnales romanas, celebraciones dedicadas al dios Saturno, caracterizadas por banquetes, intercambios de regalos y un clima festivo cercano al carnaval.

Además, en el año 274, el emperador Aureliano instituyó oficialmente el 25 de diciembre como la fiesta del Natalis Solis Invicti, el nacimiento del Sol Invicto, una deidad solar venerada en el Imperio romano. A esto se suma que en el culto oriental a Mitra, otra divinidad solar muy difundida en la época, el nacimiento del dios también se celebraba ese mismo día.

Estas coincidencias refuerzan la hipótesis de que el cristianismo adoptó una fecha ya cargada de significado simbólico para facilitar la transición religiosa en un mundo profundamente politeísta. La identificación de Cristo como la “luz del mundo” y el “sol de justicia”, expresiones presentes en los textos bíblicos, encajaba perfectamente con el simbolismo del renacimiento de la luz tras la noche más larga del año.

Con el paso del tiempo, la Navidad fue transformándose. Si bien mantiene su raíz religiosa, en la actualidad se ha consolidado como una celebración de fuerte carácter comunitario y cultural, atravesada por tradiciones familiares, encuentros sociales y valores universales como la paz, la solidaridad y la esperanza.

Así, más allá de su origen histórico, el 25 de diciembre se convirtió en una fecha que trasciende credos y fronteras, manteniendo viva una celebración que continúa resignificándose generación tras generación.